Eternal Reminiscence

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Eternal Reminiscence

Mensaje por Lianyu (Nagato Lover) el Sáb Dic 03, 2011 6:43 pm

Es una breve historia que escribí en abril de este año para el Concurso Literario del Instituto... Al final, me gustó mucho y fue bien valorado por bastantes profesores de Filosofía y Lengua, así que, como el Instituto se quedaba con los derechos de la historia si ganaba, decidí presentarme con otra historia (que ganó igualmente, pero bueno xDD).

La historia es más bien un monólogo filosófico de Nerien mientras está encerrado en el orbe. Es algo complejo, pero espero que os guste.


Reminiscencia Eterna


Yami.

El silencio retumba en las paredes de aquella gruta existente desde tiempos inmemoriales. Las estalactitas continúan su batalla con sus hermanas del suelo, intentando alcanzarse las unas a las otras en su crecimiento erosional. Por algunas de ellas resbalan pequeñas gotas que caen al suelo tras horas de deslizamientos, resonando en un charco y alterando ese silencio con un eco cristalino. No es, sin embargo, percibido por nadie. La única presencia viva en ese lugar no está allí. Ni su cuerpo, ni su mente. Está, pero a la vez no. ¿Cómo expresarlo? Está dentro de la cueva, pero es como si estuviera muy lejos. Nada oye. Nada ve. Nada siente. Pero, aún así, puede pensar.

Seijaku.

En la lejanía de la cercanía, en la mente del que no está, coincidiendo con el sonido de una gota al caer que no percibe, un pequeño pensamiento nace. Y, como el nacimiento de un universo, se multiplica, crece, se expande. La mente despierta. Sus ojos no ven. Sus oídos no oyen. Su cuerpo no siente. Sólo su mente existe. Y reflexiona. No ha llegado el momento. No. Se ha despertado. ¿Por qué? No lo sabe. No lo entiende. ¿Qué motivo podría haber para su despertar? Comienza a alterarse, a ponerse nervioso. Esa pregunta, cuya respuesta necesita, no es contestada por nadie. Cuanto más piensa, más se despeja su sueño. Hasta que, en un momento, reacciona. Nadie ha establecido que hubiera siempre un mottivo para su despertar. Puede ser que, simplemente cansado ya de dormir, haya despertado. En ese caso, sólo tiene que intentar volver a conciliar el sueño.

Yume.

Mil pensamientos surcan la mente. Cuanto más trata de dormir, más se arremolinan los recuerdos, las ideas, los comentarios, formando estructuras, uniéndose entre sí, cobrando vida dentro de él. Se oponen a la masacre total que supone el sueño. Como insectos en una colonia que luchan por sobrevivir. La guerra, sin embargo, no se desarrolla a su favor. Su enemigo cuenta cada vez con más aliados. Ojalá pudiera dormir, piensa. Desearía dormirme ya, pide.

Negai.

Deseo. Sí… Todo por el deseo. Él desea, pero sus deseos ya no pueden ser atendidos. ¿Los de los demás? Sí. Ésos pueden ser saciados, cumplidos. Si hacen el esfuerzo, lo harán. Pero no todo es esfuerzo. Es depende del esfuerzo. Todo deseo es avaricia. No toda avaricia es mala. Por ello está, o mejor dicho, no está. Por culpa de la avaricia, de la necesidad imposible de saciar. Por ello su sello. Por ello su ser. Por ello su condena.

Senkoku.

El deseo es avaricia. Nunca necesidad. La necesidad no existe. No existe el fin, el objetivo. Toda necesidad es avaricia. Si no lo hago, moriré, dicen. ¿Para qué quieres vivir? ¿Qué motivo, qué necesidad que a ti no te afecte depende de tu vida? ¿Por qué debes vivir? Todo, es, al fin y al cabo, algo que sacia a uno mismo. ¿Ayudar? ¿Qué sacas con ello? Nada, responden. Mentís. Si no hubiera ese sentimiento de culpa, de soledad, ¿qué ayuda prestaríais? Ninguna. Porque no os alimenta el espíritu, porque no os afectaría. Sólo se haría si esa ayuda os produciría beneficios, o si no prestarla produciera maleficios. Es, en conclusión, mero deseo. Mera avaricia.

Butsuyoku.

Planteando esto, si ningún sentimiento interviniese, no existiría tampoco el de querencia. La acción, pues, sólo sería por el deber. ¿Qué es eso? Nadie lo sabe. ¿Por qué debes? Algunos responderán. Pero siempre serán respuestas erróneas. Un deber supone la ausencia de posibilidades. Siempre existen más de dos posibilidades, en cualquier situación. Que no se acepten unas, ya sea por su resultado o dificultad, no es válido. Porque seguirán existiendo esas posibilidades. Ése es el error tan confundido entre deber y misión. Claro ejemplo son las plantas.Nacen. Crecen. Se reproducen. ¿Para qué? Para que haya más de ellas. ¿Para qué ha de haber más? ¿Para los otros seres? Su vida, su existencia no es un deber. Es una misión. Y por tanto puede ser planteada. Tienen otras alternativas. Morir. No nacer. Les produce el mismo beneficio. Ninguno. ¿Para qué no iban a querer perder una rama? No son conscientes de ello. No les duele. No les trae beneficio, ni maleficio, dado que no tienen causa de su misión. Pero, ¿por qué? ¿Por qué no piensan en las demás alternativas?

Shinsou.

He ahí el quid de la cuestión. No piensan. Están ahí. Existen. Y hacen lo que hacen. Tienen opciones, sí, pero no pueden plantearlas siquiera. Y mucho menos decidir. ¿Es un deber? No. Siguen existiendo posibilidades. Sigue siendo misión. Sin objetivo alguno. Pero misión. Como es la existencia de la mente que no está en la cueva en la que su sello le mantiene condenado. Tiene opciones. No puede salir, no es una opción. Eso sería, pues, un deber, pero no es algo que él decida. Es algo que alguien fuera de él decidirá. Nadie en concreto. Quien, por un casual o no, le encuentre y le saque, por voluntad o casualidad. A la gruta. Al mundo exterior. A la realidad. De donde le sacaron y encerraron bajo un sello en el orbe donde ya estaba castigado, viviendo en él sin poder huir. Para evitar que el mundo cometiese un error que él no tendría culpa. Porque es su misión.

Shimei.

Todo esto, por la avaricia. Todo esto, por la misión. Todo esto, por el deseo. Todo esto, por el pasado. Un pasado irrevocable, que no tiene cabida en la aglomeración de recuerdos de la mente. ¿Qué fue? Ya nada. No existe su recuerdo. Tampoco existe el presente, pues su existencia no tiene tampoco cabida en esta realidad. ¿Qué cuenta, entonces? El futuro. Un futuro que estará marcado por el destino, uno codicioso, o uno azaroso.

Mirai.

Que alguien descubra su ser. Que alguien, por mera casualidad, o por el esfuerzo de una búsqueda, le encuentre y le traiga de vuelta a ese mundo. Y entonces, por misión, proponga el pacto que destruirá toda una vida. Tan sólo una pregunta, tan sólo una respuesta.Será la pregunta el desencadenante, será la respuesta la última elección. Será el último error. ¿Cúal es tu deseo?

Machigai.

Todo tiene un precio. No todo deseo será cumplido, claro. Uno es sólo uno, y no podrán cumplirse mil en su lugar. Existirán deseos impuros, deseos puros, deseos costosos, deseos fáciles. Deseos con condiciones claras, deseos específicos. Deseos que se podrán disfrutar, deseos que no. Pero, al final, todos serán pagados. Pues la avaricia corrompe y, el deseo, como avaricia, también. Bajo ese principio se rige la maldición. Bajo ese principio se rige el contrato. El ser se corromperá, y bajo un gran dolor, se tornará en algo tan corrupto que ni existirá. Y esa corrupción será el alimento para otros deseos. Así se rige el pacto.

Keiyaku.

No es mito. No es leyenda. Y no es sólo una habilidad del ser sellado. No. Sólo es una hiperbolización, una evolución de la realidad. El deseo corrompe. De una forma u otra. En mayor, o menor medida. A un solo ser, o a varios. Afectados o no. Pero el deseo, siempre corromperá. Porque es necesario, para el equilibrio del mundo. Porque el mal y el bien son uno. Lo que sube baja. Lo que se da, se devuelve. Pero, el cuándo se restaure ese equilibrio, el tiempo que tarde, es otra cosa. Puede ser instantáneo. O milenario. Mientras, a ese ser no le preocupa eso. El único tiempo que le preocupa, es el que pase desvelado. Pues su sello, como debiera ser su sueño, es eterno. Estará allí por la eternidad. Caerá el universo, su esencia seguirá. Renacerá otro. Surgirá vida. Surgirá conciencia. Surgirá sentimiento. Surgirá deseo. Y él seguirá existiendo, pues su misión no habrá acabado. Así pues, con sólo su mente, sin nada más, la eternidad será mayor. Y es preferible dormirla. Hasta que alguien le despierte y le saque del orbe, y se pueda despejar un poco.

Sadame.

Y el sueño retorna, poco a poco, a la mente. Sus pensamientos se apagan. Y cae bajo el influjo de la eternidad. La gruta sigue en silencio, interrumpido de vez en cuando por el eco de una gota. Así seguirá hasta que las pisadas de la avaricia resuenen por la cueva, los ojos del deseo se posen en el orbe sellado. Hasta que las manos de la codicia liberen el orbe, y el contrato de la corrupción sea aceptado. Tiempo habrá de ver el destino. Por ahora, que el sueño de ese pobre ser, que no tiene otra que cumplir su misión, estando mientras en otra realidad, no se vea perturbado por otra reminiscencia. Porque tiempo habrá, también, para eso.

Eien.



N.T.: Cada uno de los términos que aparecen están en japonés romanizado, y significan, por orden de aparición: oscuridad, silencio, sueño, deseo, condena, avaricia, pensamiento, misión, futuro, error, contrato, destino, eternidad.


Última edición por Lianyu (Nagato Lover) el Jue Ago 23, 2012 1:15 pm, editado 1 vez
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Re: Eternal Reminiscence

Mensaje por Elnida el Mar Dic 06, 2011 7:27 am

O_O *empiezo a aplaudir y vitorear*
Un trabajo excelente, es de lo más original y, como decirlo, encantador que he visto! ^w^
Y lo de los terminos en japonés entre parrafos le da un aire especial! =D
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