El Dios Del Mundo

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El Dios Del Mundo

Mensaje por Danknestl el Mar Ene 28, 2014 8:21 pm

POS PONGO UN Juan Chot (One Shot) o nose como decirle...es....ehm...es un fic entero...relativamente bastante corto...

Está hecho en onda cuento de Juan Ruflo....cosa....un relato cosa rara...osea...no es una forma tan convencional de fic...creo...porque es así...creo que pura narración y usa palabras muy adornaditas y y y y...pollo :B  study 

Es la historia de mi segundo self moc MARYSUEOVERPOWEREDCOSA ...y...es...corto...y...leanlo....si...quieren (?)
Si no entienden a la primera leida leanlo de nuevo xd (que yo creo que si van a entender...pero por si las dudas :B

Tiene relación con mi fic Próximo Destino: Caos como una forma de...Ova (?) una cosa...así...complementaria...y...que tiene relación con el final de la segunda parte (aún no escrito, pero que es lo que me falta escribir-publicar)

Y Y Y Y...

SINOPSIS NADA SERIA: PALABRAS RARAS PALABRAS RARAS PALABRAS RARAS COSAS EMO UN TOA QUE NARRA COSAS EMO EL DIABLO PALABRAS RARAS


(disculpen mi manera toda spamica de expresarme fuera de los fics (?)

Recomendación fome: leer escuchando...esta lista de reproduccion...para hacerlo más...ameno...o nose....








EL DIOS DEL MUNDO





Ya no recuerdo lo que soy. No recuerdo que me ha pasado. Lo que ocurrió, cuando todo ser murió. Cuando todo tan mal quedó. Y me quedé yo, tan triste, tan solitario. Extraño ver a las personas, extraño escuchar sus voces.

Ahora tan sólo escucho aquella voz interna, pero no es mi voz. Es otra cosa, lo puedo sentir. Sé que he sido engañado por aquella otra voz. Es una locura, es un caos interno, esperando salir otra vez. Altera mis sentidos y mi pensamiento, cual ha oscurecido mi alma ya tanto.

Quisiese, tan solo, saber por qué debe ser mi vida así. He vagado en este mundo muerto por días, y los días se convirtieron en años, y los años en siglos.

Desconozco la razón de mi existir. Esto es todo lo que conozco. Lo demás se ha desechado con juicio y dolor. Esos pensamientos me los da aquella fuerza maligna en mi interior.

El día de hoy, tan solo, he estado caminando a través del páramo. El desierto de escombros grises, el desierto interminable. Lo he recorrido durante siglos, y no encuentro nada más. Son escombros metálicos, restos de lo que parecen ser armaduras y piezas de metal, revueltos con piedras carbonizadas. No hay vida, ni de Rahi ni de vegetación alguna.

En los pedazos de metal veo rostros. Hay caras forjadas del metal. Máscaras, como la mía. Pero yo no soy gris, yo lo sé. Mi armadura es plateada y verde. Ya está tan desgastada, tan reparada, pero yo soy distinto a aquellos fragmentos de cuerpos.

Mi cuerpo está parchado, tiene pedazos faltantes, que han sido cambiados por una masa de tejidos color negro. Una especie de tentáculos. No tengo idea de qué signifiquen, mi apariencia sigue igual tras siglos.

No duermo, no siento. Soy incapaz de sentir dolor, sin embargo recuerdo vagamente haberlo sentido mucho tiempo atrás, sin duda.

El cielo es gris, siempre gris. No hay cambio alguno en él. No recuerdo la última ocasión en que fue distinto, pero sé que lo fue. De algún modo.

He llegado a un tipo de cueva, de caverna completamente esférica. Una formación perfecta, metálica. Me he dirigido a su interior, no es algo que recuerde haber visto antes. Mis pies se apoyan sobre la fría superficie. Hay algo en el interior, en el suelo. Hay una máscara. Un pedazo de metal en forma de rostro, es definitivamente algo como…mi máscara.

Me he dirigido a recogerla. Es una…Kanohi. Ahora lo recuerdo. Recuerdo el nombre de éstas máscaras. La Kanohi es de color negro, un negro puro. No es gris y desgastada como las demás.

Es una máscara alargada, con varios agujeros triangulares. Forman un rostro inquietante. Un rostro siniestro. Creo que alguna vez vi aquella Kanohi. Creo que se llama…Kanohi Kraahkan.

Por más que la observo no distingo nada más que sea especial. Sin embargo, es extraño. Es una sensación inquietante, de tan sólo tocarla. Algo está sucediendo…

Mi mente da vueltas, me he caído al suelo de metal.
“Hola, una vez más” Una voz siniestra ha llegado a mis pensamientos. Es la misma voz que me habla a veces en mi mente. Está saliendo, está emanando de la Kanohi, mientras una energía de sombras la ha cubierto. Creo que ha llegado la hora. Es el momento de recordarlo todo.



Mis días se han vuelto años. Y los años en siglos. Milenios, sin un fin.
Ocurrió sobre un mundo tan olvidado, ya tan destrozado, tan perdido. En mi mundo, mi hogar, el Universo Matoran. La Antigua Metru Nui.

Aún lo puedo recordar, si lo intento. El dolor en mis pensamientos aún me permite recordar. Cuando todo Matoran murió. La historia de cómo terminé tan perdido, tan sólo, tan triste.

Yo solía ser un Le Matoran, trabajaba en Le Metru. Una vida promedio, dedicada como cualquier Matoran a servir a la sociedad. Las Tres Virtudes solían ser la guía de cada uno de nosotros. Los Toa Mangai nos protegían, como debía ser, como era usual.

O eso pasó… hasta que llegó aquél demonio. Aquella bestia, que tanto logró cambiar, que tanto mal nos causó. La Gran Sombra, como los pueblos del mundo le llamó. Antes de que todo Matoran fuese destruido, antes de que los cielos del mundo se oscureciesen. Antes del fin del mundo, antes de lo que me pasó. Antes de todo aquél odio, de todo el dolor.

A través de un portal extraño, una tecnología desconocida, obra de los infiernos mismos. A través de una puerta de Realidad fue que aquél falso Dios llegó al mundo. Un ser con un poder superior a cualquier cosa en la Creación. La corrupción misma, el mal en su más puro estado.

Era deber de los Toa, nos decíamos entre los pueblos Matoran. Nos engañábamos a nosotros mismos. Ya lo sabíamos, claro que lo sabíamos. Sabíamos que no era posible, que nunca lo fue. Los Toa no eran nada contra aquélla bestia corrupta. Nunca siquiera estuvimos cerca del demonio, las ciudades a su alrededor caían simplemente bajo su voluntad. Los Toa nos lo contaron, y varios Matoran lo vieron con sus propios ojos, cuando lograban sobrevivir.

La Gran Sombra era un ser completamente negro, como la penumbra del fondo de los abismos. Su poder era la Corrupción misma…eso es lo que nos contaron. No pensábamos dejarle tomar nuestro mundo, a toda costa. No importaba que pasara, íbamos a luchar.

Los Toa cayeron, uno por uno. Toa Lhikan fue el último. El Gran Espíritu finalmente escuchó nuestras plegarias, nuestro sufrimiento. Los Turaga profetizaron a un grupo de seis nuevos Toa. Con Piedras Toa deberían de surgir de entre los Matoran.

Sin embargo quedaban, cada vez, menos Matoran. La Gran Mayoría había sucumbido a la muerte, la corrupción misma se había apoderado de ellos. La Gran Sombra empezaba a lanzar su ataque final, empezó a expandir su Corrupción de forma pasiva, y no de forma destructiva. Grupos de Matoran se vieron afectados, perdían sus mentes, se pervertían, sus almas se perdían en la locura misma. Se volvían en contra de su especie. Y venían a atacarnos, con sus ojos completamente negros, con sus identidades perdidas para siempre. Los combatíamos, y tratábamos de ir a las zonas más alejadas del Universo Matoran, a las otras islas, ya no lo podíamos soportar.

Y entonces ocurrió, de entre los Matoran, yo fui elegido; junto con varios más. Fuimos seleccionados por El Gran Espíritu para ser el próximo grupo de guerreros Toa. Y ese se suponía que era nuestro Destino. Pero yo no era un guerrero, jamás había lastimado a nadie, jamás había luchado, no tenía ni idea de cómo íbamos a derrotar a un demonio que había destruido ya los Toa Mangai. Ya no alcanzo a recordar el nombre ni la imagen de los demás Toa de mi equipo, mis recuerdos se distorsionan cada vez más.


Las piedras nos transformaron, potenciaron nuestras capacidades, nos dieron mejores Kanohi y herramientas. Nos dieron cuerpos y armaduras Toa. Yo recibí una Kanohi extraña, cuyo nombre no alcanzo a recordar. La máscara tenía el poder de crear transes, inmovilizando un individuo enemigo. También podía crear ilusiones en ellos. La Kanohi de los sueños, nos lo dijo Turaga Dume. Recibimos armaduras mejores que las de los Toa Anteriores, supuestamente. Armaduras hechas a base Protodermis Energizada, adaptadas al vuelo. Y nuestras armas también eran peculiares. Recuerdo vagamente que yo recibí un “cañón de energía pura”.

Y así, los Matoran, desesperados, nos obligaron a ir a luchar contra La Gran Sombra. Y allí fuimos, sin experiencia alguna. Sin embargo, nuestras capacidades Toa nos hacían ya guerreros capaces…o eso pensábamos. Fuimos al centro de la ciudad, el anfiteatro de Metru Nui, cerca del Mar de Protodermis.

Los cielos se habían tornado completamente negros desde hace ya largo tiempo, día y noche. Seguimos los caminos de cadáveres hasta dar con el demonio. Estaba en los cielos, levitando con un par de alas negras. Lo vi por primera vez. Era más que un ser común, algo similar a una masa de tentáculos y sombras, que emanaba una energía azul, de inmenso tamaño, aleteando con sus alas, formadas de miles de tentáculos. El ser demoniaco podía cambiar su forma, se estiraba y se contraía al volar por los cielos, junto con su resplandor azul.

Nosotros nos dirigimos hacia los cielos usando nuestras armaduras. Atacamos, el ser parecía destrozarse, pero su cuerpo crecía de nuevo. Se regeneraba en instantes. Le seguimos atacando, usando nuestras armas y nuestros Poderes Elementales. El ser no actuaba, sólo huía por los cielos, mientras regeneraba su tejido.

Sin embargo, no parecía que le fuésemos a hacer daño jamás. Duramos horas haciendo lo mismo. Nuestras Kanohi no tenían efecto alguno en el ser, por una u otra razón.

Entonces La Gran Sombra empezó su ataque, empezó a atacar nuestras almas, nuestras mentes. La locura se expandía alrededor, al sonido de horrorosos gritos despedidos por el ser, se expandía su resplandor azulado, a la vez que retorcía sus tentáculos.

No había servido de nada, absolutamente nada. Sucumbíamos ante La Gran Sombra. Nuestras mentes entraban en un profundo dolor, nuestros pensamientos se distorsionaban. El Gran Espíritu nos había fallado. Era tan obvio desde un principio, nosotros no íbamos a lograr nada, nunca fue siquiera posible.


Entonces, repentinamente; recuperamos control de nuestras mentes. Un enorme y veloz rayo de energía había golpeado a La Gran Sombra, que cayó hacia los suelos de piedra violentamente, destrozándolos.

Dirigimos la mirada hacia los cielos, hacia la dirección de donde provenía el ataque. En el cielo oscuro lo vimos. Un resplandor, una grieta. Una grieta luminosa entre la realidad misma, en lo alto de los cielos, inmensa. Desde su interior, una silueta luminosa la atravesó, y bajó, levitando. Yo volteé hacia la bestia que se había estrellado en el suelo. Ahora ya no estaba allí, había cambiado. En su lugar se encontraba el cuerpo de lo que parecía ser un Toa, inmóvil. Un guerrero con armadura y máscara plateada.

La silueta luminosa se acercó hasta que notamos que se trataba de un Turaga. Un Turaga con una Kanohi Hau amarilla, que irradiaba un fuerte resplandor desde sus ojos.

“¿¡Quién eres tú!?” Recuerdo haber dicho, consternado. El Turaga pasó de largo a nuestro grupo Toa. Descendió hasta el suelo destrozado, hacia la silueta de aquél guerrero negro y plateado. Nosotros le seguimos, descendimos lentamente. Yo logré distinguir que aquél guerrero usaba una Kanohi en particular, usaba una Kraahkan, alguna vez los Turaga nos habían hablado de aquella máscara.

El Turaga, luminoso, se puso frente al cuerpo inmóvil. De pronto, el cuerpo empezó a despedir un brillo azul, y una masa de tentáculos negros salió violentamente desde dentro del cuerpo inmóvil, destrozándolo por la mitad. Los tentáculos tomaron violentamente al Turaga y salieron disparados a los cielos. Yo observaba, atónito. La luz que emanaba el Turaga aumentó hasta cegarnos. Cuando volvimos a observarle, la masa de tentáculos había desaparecido.
El Turaga bajó al suelo rocoso.

“No se preocupen” Dijo él. Nosotros descendimos al suelo, de igual forma, mientras preparábamos nuestras armas, no entendíamos que había ocurrido.

El Turaga entonces empezó a quejarse de dolor. Algo le pasaba. Nosotros manteníamos la distancia, no lográbamos comprender. Entonces él extendió los brazos, mientras los miraba preocupado. Una energía color negro empezaba a irradiar de sus manos, mientras se iba disolviendo en el aire. El Turaga nos volteó a ver, fijamente.


“Esto no debió suceder así” Dijo él, con un tono de angustia en sus palabras. De pronto una violenta onda de sombras fue liberada de su cuerpo, en forma de enormes relámpagos oscuros. Se podían observar a lo largo del paisaje, mientras se escuchaban fuertes estruendos.


Entonces lo volvimos a sufrir, el sufrimiento había regresado, cual la desesperación más pura. Nuestras consciencias eran interrumpidas por un obstáculo, una corrupción. En nuestras mentes volvimos a sentir aquella fuerza, desgastándonos, alterándonos, perdiendo nuestra concentración.

Y entonces aquélla maldad me habló, le habló a mis pensamientos.

“Me agradas. Me gusta tu mente. Quiero que estemos juntos” Fue lo que escuché, lo que pensé. Era una voz interna, que sonaba gruesa y hostil, una voz que de solamente escucharla producía dolor, desde mi mente hasta mi cuerpo. Yo ya estaba tirado en el piso, no soportaba el dolor, yo siempre fui débil, sigo siendo débil. En este juego de la realidad en el que sigo, ahora soy aún más débil.

“Detente, para el dolor, por favor” Fue lo que pensé en aquél momento, yo me retorcía en el suelo, mientras lanzaba gritos, impotente. Los demás Toa de mi quipo también lo hacían, todos estábamos a merced de aquella energía maligna, de aquella perversión de la realidad. El páramo desértico estaba de aquella forma, entonces. El Turaga observaba, quieto. Mientras nosotros sufríamos sobre la roca fría.


El Turaga bajó la mirada y nos dio la espalda, eso recuerdo. Ayudó a incorporarse al guerrero negro y plateado, lentamente. Una vez de pie, ambos desaparecieron en un haz de luz. Se esfumaron del lugar, sin decir nada más. Nos dejaron a nuestra suerte. No podíamos significar nada para ellos, nunca significamos nada para ellos, no éramos importantes; yo no era importante, no aún.

Entonces el dolor dentro de mí se detuvo. Y vi la verdad; la comprendí, y mi mente lo comprendía. Yo creía entender, creía haber cambiado de parecer. Creí que mis acciones eran propias, haber abierto los ojos a la realidad, cuando en verdad mis pensamientos estaban siendo manipulados. Alguien estaba tirando de los hilos, aquél detrás del todo. Aquél que espera detrás del velo de la realidad. La Discordia, el Caos, la Corrupción.

Y mi mente se pervirtió, y el tiempo siguió, y el orden de los acontecimientos se dio la vuelta. El Destino se reveló en contra de su camino. Lo impensable sucedió. Y mi percepción del tiempo era cada vez más difusa.






Yo me reía. Yo estaba alegre, por fin. Todo me iba a resultar bien. La diversión estaba por empezar. En mi rostro se formaba una sonrisa. Una sonrisa nerviosa, inquietante. A través de mis ojos observaba el lugar. El inmenso lugar metálico era lo único que me separaba del resto del mundo. Ya nadie me importaba.


“Todas esas personas eran estúpidas. Nos traicionaron. Esos idiotas Matoran, aquellos que dicen ser civilización. El egoísmo cegándoles. La raza artificial, capricho de los Grandes Espíritus. Es enfermizo, tomaron un planeta y lo moldearon a su merced. No hay significado en esta miserable vida. Ya no lo hay, nunca lo hubo. Las tres virtudes, dicen algunos; yo no veo más que ignorancia y estupidez. La mayor de las hipocresías en esta sociedad podrida”

En mi mente se dibujaban pensamientos, mi mente divagaba. Entre el sueño y la realidad había un sinfín de sentimientos encontrados.

“Este es mi Destino. Es el destino que yo he elegido. El verdadero destino no existe; ni para mí ni para ningún otro. Ya he perdido la unidad, aquello llamado Unidad; la otra mentira en esta vida. La mentira que esta vida hipócrita nos ha dado. De igual forma, mi deber ha quedado en el pasado, prefiero no tener deber; a servir a las causas de una sociedad ignorante, corrupta y artificial. Ellos mismos nos enviaron a un suicidio, a combatir a aquella sombra. Ellos mismos le hicieron esto a sus similares. Y es por ello…que asumo que yo soy la misma escoria que ellos. Todos en este mundo somos la misma basura. No merecemos nada más que la destrucción. Fuimos puestos en este mundo y nos dijeron ser los dueños, tan solo.”

Yo avanzaba lentamente sobre el piso plateado. A cada paso, me frustraba más. Había perdido toda esperanza en la vida. Yo había sido traicionado por mi propio pueblo. Dejado en la miseria. Y no podía vivir con todo lo que había visto. Yo había ido hasta ellos. Y la fuerza, aquella Corrupción dentro de mí los había asesinado a todos. Aquella fuerza había controlado mi cuerpo. Y yo lo había visto todo. Fue con aquellos que me conocían. Aquellos Matoran de Metru Nui que habían huido a otras islas. Yo fui, y los destruí. Mi cuerpo, aquella Sombra que nubla mis pensamientos. Por momentos, yo sentí sentimientos de venganza. Por momentos sentí que simplemente estaba siendo manipulado. De cualquier manera; estaba hecho. Y nada lo iba a cambiar.

Y seguía yo, avanzando lentamente, arrastrando con dolor mi cuerpo herido. Fueron muchos quienes intentaron detenerme. Me atacaban, pero aquella Gran Sombra lograba regenerar mi cuerpo. Aún lo hace. Mi cuerpo estaba tan dañado. Los pedazos de armadura eran repuestos con tejido ajeno. Con aquellos extraños tentáculos negros.

Mis pensamientos seguían divagando. Ya no sabía qué cosa estaba pensando yo, y qué cosas la decía aquella otra voz dentro de mi mente. La Discordia, la Corrupción. Yo ya no quería seguir sufriendo, tan solo.

Así que ahí estaba, en el Codrex. En el corazón del universo, Karda Nui. Me había tomado tiempo llegar hasta ahí. No tenía ni idea de qué cosa estaba ocurriendo. Ni si yo me dirigía hasta aquél lugar por cuenta propia; o si estaba siendo arrastrado con algún propósito. Yo jamás había ido más allá de Metru Nui. No sabía nada de Karda Nui.

Las seis enormes antorchas de energía iluminaban el frio lugar metálico. Yo me dirigía lentamente al centro del lugar. A una serie de círculos en medio del contenedor plateado. Con la mirada perdida, perdida en mi mente desgastada y confundida. Entonces, llegué. Mis pies se apoyaban en el frío metal. Y entonces la sonrisa volvió a formarse en mi rostro.

La energía negra empezó a irradiar de mis ojos, y de mi boca, mientras yo reía frenéticamente. Era el demonio, el ente que se había alojado en mi consciencia. Todo mi cuerpo comenzó a irradiar aquélla sombra. Se difuminaba por los aires. Y entonces cobró fuerza, se transformó en una serie de relámpagos de sombra. En un estruendo, aquella energía llegó hasta las antorchas de energía. Las destrozó, entonces. Y la energía se propagó, entonces. Vi una inmensa luz cubrir el lugar, la luz me cegó completamente.

Y entonces, ocurrió. Finalmente el resultado había llegado. Aquello a lo que había ido al lugar. A lo que La Gran Sombra me había arrastrado a hacer.

El enorme cuerpo robótico. El Gran Espíritu Mata Nui. Permanecía en el espacio, observando, regulando la vida en el Universo Matoran. En el mundo dentro, el mundo artificial; aquella pequeña granja de individuos, el espectáculo de los Grandes Seres.
Aquél Universo, que había sido creado tan meticulosamente, tan cuidado, tan medido. No era nada en comparación con La Gran Sombra, nunca lo fue.

El gigantesco robot empezó a estremecerse, a temblar. De sus ojos comenzaba a irradiar una energía color rojiza, lentamente.

Mientras tanto, en su interior, a lo largo de los continentes, el caos se esparcía.
Los Cazadores Oscuros miraron hacia los cielos. Los Vortixx. Los Skadi. La Hermandad de Makuta. Los Barraki. A través de Odina, Voya Nui, Xia y Destral.

Todo ser en existencia se detuvo para observar a los cielos. Para observar el cielo oscurecido y relampagueante. Relámpagos de energía, del tamaño de continentes, chocando a la velocidad del pensamiento. A través de todo el Universo Matoran. Incinerando pueblos, paisajes, todo a su paso. Ya fuese sobre los bosques más verdes, o bajo las aguas más oscuras. La Corrupción lo fue consumiendo todo.

El enorme cuerpo robótico impactaba sobre la superficie de Aqua Magna. Pero la corrupción se esparcía, La Gran Sombra consumió a Aqua Magna, y a las tierras perdidas de Bara Magna y Bota Magna.

Y así, fue como El Universo Matoran, mi mundo, pereció. Pero ese no era el final de todo. La Gran Sombra seguía dentro de mi mente, aquélla fuerza apocalíptica seguía viva, y ahora se disponía a seguir con la destrucción, incluso si esto significase la destrucción del Tiempo Mismo. Y yo soy el medio, yo soy el quién. Soy yo, quien llevará a La Realidad Misma a su fin. Por la Unidad. Por el Deber. Por el Destino.


No me importa ya el sufrimiento, no me importa ya la vergüenza, ni el desvarío. Solo me queda seguir con esta senda, este camino de mentiras y superstición. No veo belleza en lo armónico, la felicidad me estremece. Ya no soy como los demás, ahora veo la miseria en el todo y en la nada. Desprecio hasta la última gota del ser vivo. Quisiera pensar que soy superior, pero no lo soy, soy el esclavo.

Yo, Krexus. Toa Krexus, he sido encadenado a mi propia mente, he sido traicionado y he  enloquecido finalmente. Y yo  juro cumplir la voluntad de mi Dios. Lo juro ante Irnakk, La Bestia, La Gran Sombra. Lo juro ante La Corrupción y La Discordia; lo juro ante Zalgo.

Mi cabeza se vuelve turbia. Mientras observo la Kanohi Kraahkan irradiar sombra, sé que ha llegado el momento, el momento de seguir con El Orden Divino. Nunca he estado más feliz.
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Re: El Dios Del Mundo

Mensaje por Degrek Phantoka el Vie Feb 07, 2014 5:43 am

No me enteré quién es. Pensé en Luna, pero ella tiene armadura roja y no verde. ¿Kandrahk, tal vez?

Bue, sobre el One Shot: es...Como muy abstracto, no sé. El protagonista mezcla sus acciones con sus pensamientos de una manera un poco confusa, eso sí, pero me gustó y es un estilo que trato de emular hace tiempo. ¡Gran trabajo!

Ah, y otra cosa: Irnakk es considerado un mito de los Skakdi. Fuera de Zakaz, nadie tiene idea de qué es, e incluso entre los Skakdi, tampoco es que sea un ente super OP a lo Moloch (Sleepy Hollow FTW), como vos nos querés hacer creer. Y ya ni hablemos de Zalgo, que ni existe en este universo. Por lo demás, lindo fic =D
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Re: El Dios Del Mundo

Mensaje por Danknestl el Sáb Feb 08, 2014 10:57 am

Degrek Phantoka escribió:No me enteré quién es. Pensé en Luna, pero ella tiene armadura roja y no verde. ¿Kandrahk, tal vez?

Bue, sobre el One Shot: es...Como muy abstracto, no sé. El protagonista mezcla sus acciones con sus pensamientos de una manera un poco confusa, eso sí, pero me gustó y es un estilo que trato de emular hace tiempo. ¡Gran trabajo!

Ah, y otra cosa: Irnakk es considerado un mito de los Skakdi. Fuera de Zakaz, nadie tiene idea de qué es, e incluso entre los Skakdi, tampoco es que sea un ente super OP a lo Moloch (Sleepy Hollow FTW), como vos nos querés hacer creer. Y ya ni hablemos de Zalgo, que ni existe en este universo. Por lo demás, lindo fic =D

Agradezco el comentario, en especial que haya alguien que recuerde a Kandrahk xd (pero no, solo para aclarar no es Kandrahk ni Luna :B)

es gracioso porque busque en wikipedia moloch

y...Zalgo no se supone que exista en esa dimensión pero tampoco en la nuestra asi que suag vive en 4chan

y ño ez epzaktaMente Irnakk pero ez algo azi todo caguai azi komo la iztorea detráz del mito :3 j3j3j3j3j3

Por cierto, que me plagie inspiré en esta..cancióncosa para hacer el fic



...poio
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