Misión en el Abismo [Precuela Cancelada de La Invasión]

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Misión en el Abismo [Precuela Cancelada de La Invasión]

Mensaje por Diebeq el Vie Abr 27, 2012 2:12 pm

Misión en el Abismo iba a ser una serie que sería la precuela de La Invasión, pero finalmente decidí no hacerla en favor a otra serie, que será una secuela.

Esta es la historia de Kapokhed, un Cazador Oscuro que va a su primera misión en las aguas del Abismo, en busca de un criminal Toa llamado Guhjii que debe capturar/destruir.

Personajes:
Spoiler:
Kapokhed
Toa Takiw Guhjii
Zarnak
Los Barraki (Menos Takadox y Carapar)
Hydraxon II
Brutaka
Lesovikk
Sarda
Amphibax
Espero que les guste leer esta historia.


Capítulo 1

El Cazador Oscuro Kapokhed abrió los ojos, pero eso no extinguió a la oscuridad en su panorama. Un gran peso se proyectaba en su espalda, y una desagradable sensación de mareo entorpecía su despertar.

Las aguas del Abismo eran lúgubres y negras, como una eterna noche sin luna ni estrellas. Kapokhed se levantó de los escombros en donde había caído, intentando plasmar sus pies en el suelo arenoso sin tropezarse. Luego comenzó a analizar sus alrededores en busca de alguna fuente de luz; más arriba se podía observar un leve destello.

Kapokhed saltó y sintió la baja gravedad del agua elevándolo.

“Debo nadar.” Pensó.

Él movió sus piernas, luego sus brazos, y luego… ¿Sus otros brazos?

Kapokhed siguió nadando, esperando llegar lo más rápido posible a la luz de la superficie para poder ver lo que había ocurrido con su cuerpo. Entonces el límite entre el mar y la tierra estaba a su alcance.

Sin dudarlo, él retiró su cabeza del agua y tomó una profunda bocanada de aire, pero entonces una de las cosas más extrañas y escalofriantes ocurrió: el aire entró en su cuerpo y llenó su interior, y él podía sentirlo quemándolo por dentro. Asustado, Kapokhed volvió a caer al agua, y entonces la terrible sensación se disipó lentamente.

“¿¡Qué ocurrió!?” Repitió una y otra vez dentro de su mente.

Él volvió a sacar su cabeza del agua y la dolorosa experiencia se repitió. Entonces lo intentó otra vez, y otra vez, y otra vez…

Kapokhed, agotado, dejó de patalear, y comenzó a hundirse. Las sombras lo tragaron lentamente y las algas en lo profundo amortiguaron su caída, creando múltiples burbujas ascendentes.

Después de un monólogo interno, Kapokhed se levantó y pudo observar su reflejo en las burbujas. Toda su anterior belleza había desaparecido: su rostro ahora parecía el de un grotesco insecto, el color negro perlado de su armadura era ahora un negro sucio y maltratado, sus brazos se habían adelgazado e incluso podía percibir que otro par había crecido al nivel de su cintura…

“Soy un monstruo.” Repitió una y otra vez en voz baja.

Entonces otro pensamiento llenó su mente.

“La misión.” Se dijo. “Tengo una misión aquí.”

Evidentemente, Kapokhed no había llegado a las aguas negras del Abismo por pura casualidad; él tenía una misión, y no sabía cuánto tiempo había pasado. Ojalá que no fuese demasiado tarde.

“Debo apresurarme.” Pensó, mientras que comenzaba a nadar hacia el fondo del océano, perdiéndose entre las sombras.

Capítulo 2

En medio de una pila de chatarra, Kapokhed encontró dos pequeñas cuchillas que decidió tomar consigo. Todos sus sentidos estaban alerta ante el más mínimo cambio en las corrientes acuáticas, pero el shock de su transformación lo había debilitado, así que no estaba preparado para enfrentar fuerzas hostiles.

Un par de ojos rojos lo acechaban desde lejos. Silenciosamente, el espía levantó su brazo y afiló sus pinzas. Kapokhed sintió el movimiento y volteó. Entonces la pinza surgió de la nada y perforó su armadura.

Kapokhed cayó al suelo, paralizado y evidentemente afectado por algún tipo de veneno. Los ojos del enemigo se acercaron lentamente, y Kapokhed se preparó para el fin.

“Por lo menos ya no tendré que enfrentar la furia de El Sombrío…” Se consoló.

Kapokhed pudo ver entonces a su atacante; un ser en armadura negra, con un grotesco parecido a una raya marina y portando varias espinas tóxicas en todo su cuerpo. Su respiración era profunda y ruidosa, reflejando un gran pésame y furia. Cuando habló, lo hizo lentamente, con una voz rechinadora y burbujeante.

“¿Quién eres tú?”

Kapokhed analizó sus opciones; el veneno pronto se disiparía y él podría mover su brazo, dando un rápido golpe de espada. Una vez que el enemigo estuviese en el suelo, él usaría su poder. Todo lo que necesitaba era tiempo.

“Mi nombre es Kapokhed.” Respondió.

El enemigo agitó su respiración un instante, luego siguió hablando. “¿Y qué haces aquí?”

“Tengo una misión.” Explicó Kapokhed. “Un Toa aquí… uno llamado Guhjii…”

Los ojos del enemigo se dilataron ante la mención de ese nombre. Kapokhed sentía que el veneno pronto se disiparía. Haciendo uso de toda su fuerza, él movió el brazo y dio un golpe seco en el pecho del enemigo, quien salió volando varios metros en el agua.

Kapokhed se preparó para su siguiente movimiento, pero el enemigo se levantó rápidamente y entonces un eco profundo se escuchó en la zona. Inmediatamente, un ejército de rayas se formó a lo alto del terreno, apuntando con sus colas venenosas a Kapokhed. Las criaturas descendieron y atacaron, pero Kapokhed logró esquivar los golpes con admirable precisión.

El enemigo observaba asombrado mientras que Kapokhed atacaba rápidamente a las rayas haciendo uso de sus cuatro brazos. Las criaturas, misteriosamente, se pusieron pálidas y tiesas, hasta finalmente convertirse en piedra y hundirse entre las arenas. Las rayas que no habían sido afectadas se agruparon nuevamente y se retiraron.

“Impresionante.” Dijo el enemigo. “Nunca, en todos mis años como Barraki, había visto un poder así.”

Mientras que el enemigo se arrodillaba para apreciar a uno de los grupos de estatuas, Kapokhed procesaba en su mente la información que había recibido.

“Barraki.” Pensó. “Los Barraki son un mito… una leyenda usada para explicar el origen de varias desgracias… ¿O será que este monstruo está diciendo la verdad?”

Con la curiosidad pudriéndolo por dentro, Kapokhed osó preguntar: “¿Cuál es tu nombre?”

El enemigo se levantó y, de forma amenazante, respondió a la pregunta.

“Mantax.”

Capítulo 3

Kapokhed y Mantax nadaron a través de las aguas hacia lo desconocido. Una puerta se reveló frente a ambos, e ingresaron sin demostrar temor. Mantax nadó hacia una pila de escombros y sacó de esta un pedazo de armadura púrpura, para luego dárselo a Kapokhed.

“Esto es lo más cercano que estuve de él.” Dijo Mantax. “Toa Guhjii escapó con todos nosotros hace tiempo, pero estoy seguro de que dejó un rastro tras de sí. Aquí tienes tu primera pista.”

Kapokhed pensó en agradecer al Barraki por la información, pero en lugar de hablar transmitió su gratitud con un gesto.

“No sé quién fue el que nos contrató para hacer esto…” Explicó Kapokhed. “Pero El Sombrío especificó que era alguien muy poderoso, que veía a este Toa como una amenaza… y que deseaba su cadáver colgado en la pared como adorno.”

Mantax comenzó a participar en la conversación, algo que no era propio de él. “Toa Guhjii era un presumido, y aprovechaba cada momento disponible para contarnos su ‘gloriosa’ historia.”

Kapokhed escuchaba atentamente.

“Por lo poco que sé, él proviene de una isla muy lejana llamada Takiw-Nui.” Contaba Mantax. “Anteriormente era el sirviente de alguien muy importante, pero lo traicionó y terminó encarcelado como todos nosotros. Por supuesto, él siempre describió su traición como un acto de justicia. Patético…”

“¿Y porqué será necesaria su muerte, si es que ya está condenado a la desgracia?” Preguntó Kapokhed.

Mantax no respondió inmediatamente. “No estoy seguro, extraño. Pero de lo que estoy seguro es de que tú me necesitas, y de que yo no doy mi tiempo por nada.”

Kapokhed ya estaba acostumbrado a esta clase de situaciones. “¿Qué quieres?”

“Un aliado.” Dijo Mantax. “He visto lo que puedes hacer, y te quiero en mi ejército. Si me sirves bien, te ayudaré a encontrar al Toa.”

Capítulo 4

Mantax presentó a Kapokhed a los demás Barraki. Todos eran grotescas y deformes criaturas marinas, degradados por años de soledad y oscuridad. El líder del grupo, Pridak, habló muy seriamente con Mantax.

“¿Por qué nos traes a este extraño? ¿De qué me sirve?”

Mantax respondió con un tono que reflejaba poco respeto hacia su líder, lo cual tensó la situación. “No has visto lo que puede hacer, Pridak. ¿Tal vez tu paciencia te impide ver lo obvio?”

Pridak gruñó de furia y dio un golpe de espada en el rostro de Mantax. Antes de que la lucha se agravara, los demás Barraki intervinieron. Ehlek sostuvo a Pridak, mientras que Kalmah sostenía a Mantax. Tras un breve forcejeo, ambos lados se tranquilizaron. Pridak les dio la espalda a sus colegas y observó a Kapokhed en los ojos.

“Si eres tan bueno como dice Mantax, demuéstralo.” Dijo.

Con esas palabras, un tiburón Takea se aproximó velozmente a la zona y apuntó con sus feroces dientes hacia Kapokhed. Pridak y los demás Barraki observaron anhelantes la situación. El tiburón mordió la espada de Kapokhed, pero con un fuerte movimiento él fue capaz de lanzarlo al suelo. El tiburón se retorció un instante y luego volvió a elevarse.

Kapokhed se despojó de sus armas, dejando a los Barraki perplejos. Cuando el Takea hizo contacto con él, de repente comenzó a ponerse desvaído y rígido. Con un gemido de dolor la transformación siguió su curso, y finalmente la estatua de piedra cayó al suelo frente a los Barraki.

Los ojos de Pridak destellaron de deseo. Kapokhed volvió a tomar sus armas.

“¿Eso fue suficiente para ustedes?” Preguntó.

Ninguno de los Barraki respondió con algo que no fuese un gruñido. Un instante después, Kalmah pronunció unas palabras haciendo uso de un cautivador acento.

“Tiene potencial, mis amigos.”

Los Barraki discutieron entre ellos un tiempo, luego voltearon nuevamente hacia Kapokhed.

“Muy bien, definitivamente tienes lo que se necesita para servirnos.” Dijo Pridak.

“Un momento.” Interrumpió Kapokhed. “Yo no vine hasta aquí, fui mutado, y arriesgué mi vida luchando contra tiburones y otras bestias para luego servirlos a ustedes. Yo ya sirvo a alguien, y tengo un trabajo que cumplir aquí.”

Pridak se acercó, miró desafiantemente a su más nuevo aliado, y preguntó.

“¿Y cuál es esa misión de la que tanto hablas?”

Capítulo 5

Kapokhed explicó una vez más los detalles de su misión a los Barraki, quienes escucharon sin expresar importancia alguna. Ehlek manifestó una sutil frustración frente a las condiciones de Kapokhed, pero los demás parecían considerarlo más seriamente.

“¿Y quién te contrató para eliminar al Toa?” Preguntó Ehlek. “¿Acaso es un trabajo tan valioso, que te costó todo lo que nosotros perdimos al ser transformados por este maldito lugar?”

“Los Cazadores Oscuros tienen una estricta política…” Respondió Kapokhed. “Cuando te unes a la organización, tu vida le pertenece al líder… y el líder decide tu destino.”

Los Barraki detectaron la resignación en esas palabras inmediatamente, y se prepararon para usarla a su favor.

“Míranos a nosotros.” Dijo Pridak. “Las aguas nos han convertido en esto, nos ha hecho torcidos y asquerosos. Pero a pesar de todo, siempre fuimos iguales, y compartimos el mismo castigo. Tu jefe no es así… él te domina… él te usa como una herramienta para alcanzar sus propios objetivos y deseos. ¿Acaso no fue suficiente?”

Kapokhed comprendía muy bien lo que Pridak quería decir. Él no dejaría que nadie consiguiera su confianza con engaños.

“Eso no es asunto tuyo.” Respondió Kapokhed. “Ustedes están aquí por una de las más grandes ofensas de la historia. Yo estoy aquí porque tengo un trabajo. No somos iguales.”

Pridak creó una mueca amenazadora con su rostro, revelando filas y filas de dientes mortalmente afilados. “Muy bien. Tú ganas.”

Pridak le dio la espalda a Kapokhed. “Has dejado clara tu posición, pero eso no cambia nuestro trato. Primero harás un trabajo para nosotros y luego te ayudaremos a encontrar a tu precioso Toa para que termines tu tan importante misión.”

“¿Qué quieren de mí?” Preguntó Kapokhed.

Pridak se fue nadando de la zona, dejando a los otros tres Barraki con Kapokhed. Mantax dio un par de pasos al frente y explicó.

“Nosotros no somos los únicos atrapados aquí. Hay ciento de miles de ex presos que aún buscan la libertad, pero ninguno sabe cómo conseguirla. Nosotros creemos tener una pista.”

Kapokhed bajó sus armas y continuó escuchando.

“Existe un objeto llamado la ‘Gema del Destino’…” Explicó Mantax. “Yo la encontré un tiempo atrás entre los escombros del Abismo, pero fue robada… y la queremos de vuelta.”

“¿Qué tiene de especial esa gema?” Preguntó Kapokhed.

Los Barraki sonrieron. Esas eran unas sonrisas que parecían congelar el agua alrededor.

“Eso no es asunto tuyo.” Rieron.

Capítulo 6

Kapokhed nadó en dirección hacia donde le habían señalado. El agua se hacía cada vez más oscura, lo cual motivó a Kapokhed a activar el poder de sus nuevas cuchillas. Entonces una leve corriente eléctrica se formó alrededor de ellas, iluminando un poco el camino.

Pronto él pudo ver una potente luz en el horizonte. Ansioso, Kapokhed se acercó a la luz, lo cual resultó siendo una enorme agrupación de escombros. Mientras que continuaba acercándose, él observaba a sus lados. Ninguna amenaza podía apreciarse. Por desgracia, Kapokhed no tomó en cuenta las amenazas que se ocultaban.

Una criatura lo acechaba, desplazándose en cuatro patas. Cuando vio la oportunidad perfecta, saltó y lo mordió en el brazo. Kapokhed no tuvo tiempo para responder ante el ataque y cayó al suelo. Mientras que intentaba liberarse de la mordida del Rahi, una gran silueta se acercó.

“Spinax.” Dijo. “Es suficiente.”

El Rahi, Spinax, soltó el brazo de Kapokhed y se puso detrás del guerrero, que portaba múltiples cuchillos y herramientas por todo su cuerpo. Haciendo uso de los cuchillos en su muñeca, el guerrero atacó, golpeando a Kapokhed en el rostro y dejándolo en el suelo.

Kapokhed, sin embargo, no estaba derrotado. Él recuperó la conciencia y se levantó. El guerrero lo observó a los ojos y luego se presentó.

“Mi nombre es Hydraxon, extraño.” Dijo. “No recuerdo tu rostro en las celdas del Abismo. ¿Quién eres y de dónde vienes?”

“Mi nombre es Kapokhed.” Respondió.

Hydraxon bajó sus armas. “Llegas tarde, cazador. Le especificamos a El Sombrío que su gente tenía que estar aquí hacía más de dos días.”

Kapokhed entonces se dio cuenta de que una de las preguntas que lo habían estado torturando durante toda su estancia había sido respondida. Este tal Hydraxon era su contratista.

Capítulo 7

Hydraxon condujo a Kapokhed a su refugio, el cual estaba atestado de largas filas de celdas. Varias de estas estaban vacías, aunque otras tenían en su interior a horribles mutantes que insultaban mientras que ellos pasaban.

Pronto llegaron a la habitación principal, en la que podían apreciarse varias armas. Un Toa de Aire estaba organizando varias de estas armas, acompañado por un Ta-Matoran. Inmediatamente ambos voltearon a recibirlos.

“¿Un nuevo prisionero, Hydraxon?” Preguntó el Toa.

Hydraxon soltó una leve burla, incomodando a Kapokhed.

“No, Lesovikk.” Respondió entre carcajadas. “Este es el Cazador Oscuro que contraté. No necesitamos aplicar la fuerza.”

El Ta-Matoran mantenía una expresión de repugnancia mientras que miraba a Kapokhed. Al darse cuenta, Kapokhed también lo miró, obviamente desafiándolo, y el Matoran tan solo nadó fuera de la habitación. Hydraxon y Lesovikk estaban confundidos.

“¿Qué le ocurre a Sarda, Lesovikk?” Preguntó Hydraxon.

“Nada importante, me imagino.” Respondió Lesovikk.

Hydraxon, con un gesto, condujo a Kapokhed hacia un asiento. A continuación ellos se sentaron también, frente a él. Hubo un corto silencio mientras que todos se acomodaban.

“Muy bien, Kapokhed.” Comenzó Hydraxon. “Me imagino que te preguntas muchas cosas.”

“En verdad no mucho.” Respondió Kapokhed. “He conseguido mucha información de mi alrededor.”

Kapokhed reveló el trozo de armadura que el Barraki Mantax le había otorgado un tiempo atrás. Hydraxon se asomó a observarlo de cerca.

“Estás haciendo un buen trabajo. Me hace sentir orgulloso de haberte contratado.” Dijo Hydraxon. “Ese Toa, Guhjii, me ha estado eludiendo desde hace días, así que necesitaré toda la ayuda posible para colocarlo de nuevo en su celda.”

“¿Y por qué a los Cazadores? ¿Por qué a mí?” Preguntó Kapokhed. “Pudiste haberlo capturado tú mismo, usando este gran arsenal que nos rodea.”

Hydraxon contempló las armas a su alrededor con una sonrisa. “A veces tener armas no es suficiente, cazador. El destino demanda que tú me ayudes.”

“¿El destino?” Cuestionó Kapokhed. “¿Qué podrías saber tú sobre mi destino?”

“Más de lo que crees.” Respondió Hydraxon, sacando de un contenedor cercano una gema dorada del tamaño de su puño.

“¿Qué es eso?” Preguntó Kapokhed mientras que Hydraxon contemplaba su radiante tesoro.

Hydraxon hizo una mueca con su rostro, pensando si es que era una buena idea decirle a Kapokhed lo que era el objeto. Finalmente decidió que sí valía la pena.

“Esta es la Gema del Destino.”

Los ojos de Kapokhed se ensancharon.

“… tiene el poder de mostrar el destino de cualquiera. Y es el destino de Guhjii ser capturado por ti.”

Kapokhed enfrentaba un dilema. Él había hecho un trato con los Barraki por la Gema del Destino, pero si la robaba estaría traicionando a Hydraxon y a la misión. Sin importar la decisión que tomara, él estaría condenado.

Entonces una posible solución surgió en su mente.

“¿Qué piensas de los Barraki?” Preguntó Kapokhed.

La sonrisa se borró del rostro de Hydraxon, y su voz adquirió una penetradora severidad. “¿Por qué preguntas eso?”

Kapokhed sonrió, haciendo claro de que él sabía algo. Hydraxon entonces se precipitó.

“¿¡Los has visto!?” Exclamó Hydraxon.

“Veo que los has estado buscando desde hace un largo tiempo.” Dijo Kapokhed con un tono alevoso.

Hydraxon, en contra de todos sus principios, comenzó a negociar con Kapokhed.

Capítulo 8

El mutante gruñó de furia mientras que era liberado de su celda. Cuando Lesovikk y Sarda terminaron de tranquilizarlo, Hydraxon volteó hacia Kapokhed.

“Su nombre es Zarnak.” Explicó. “Está condenado aquí desde hace un largo tiempo. Se trata de un bruto con problemas de ira, que resultaron en graves consecuencias para varios inocentes.”

Zarnak seguía gruñendo y observando con sus bulbosos ojos a los alrededores. Después de lo que pareció ser un largo tiempo de reflexión, unas palabras básicas salieron de su boca infestaba de dientes: “Zarnak… querer espacio.”

“Pues Zarnak tendrá que conformarse con su celda a menos que se comporte.” Se burló Hydraxon.

Irónicamente, la burla pareció funcionar y el mutante se sentó en el suelo. Kapokhed estaba impresionado.

“Es muy impredecible, pero también obediente cuando sabes cómo darle órdenes.” Dijo Hydraxon. “Cualquier otro de estos prisioneros no dudaría en escapar, pero Zarnak te seguirá por donde vayas. Te será útil.”

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Un grupo de peces Ruki nadaron, asustados, ante la presencia de Kapokhed y su nuevo amigo. El mar estaba perturbadoramente cálido afuera.

“¿Comenzar en dónde?” Preguntó Zarnak.

“Primero tenemos un asunto pendiente, mi amigo.” Respondió Kapokhed.

Después de un breve viaje, ambos se detuvieron frente a una cueva. Gracias a su excelente visión, Zarnak era capaz de ver entre las lúgubres sombras, y algo le llamó la atención:

“Alguien allá adentro.” Dijo.

“Lo sé.” Respondió Kapokhed, mientras que hacía su entrada en la cueva.

Zarnak lo siguió lentamente y nunca bajó la guardia. Ambos podían sentir algas muertas y los cadáveres de varios Rahi marinos entre sus pies. Cuando la situación parecía no poder ponerse peor, una voz retumbó de todas partes.

“¿Quienes son ustedes?” Dijo.

Kapokhed activó la corriente eléctrica de sus cuchillas e iluminó la cueva. Sentado en un rincón estaba el objetivo de su visita; un guerrero alto, fuerte, protegido por armadura dorada, y portando una enorme arma de doble filo en su mano derecha.

“¿Tú eres Brutaka?” Preguntó Kapokhed.

El anfitrión se levantó del suelo. “¿Acaso es importante para ti saberlo?”

“Tenemos un mensaje de Hydraxon.” Dijo Kapokhed en respuesta.

Brutaka suspiró y bajó su arma. Luego hubo un largo silencio.

“¿Y el mensaje es…?” Presionó Brutaka.

Kapokhed entonces reveló un aparato compuesto por un casco de cristal protodérmico y varios tubos conectados a una pequeña caja metálica. Brutaka sonrió.

“¿Me quieren de vuelta?” Preguntó entre risas.

“Con una condición.” Dijo Kapokhed.

Brutaka dejó de sonreír.

“Hydraxon quiere que le lleves a los Barraki.” Explicó. “Una vez que estén encarcelados, este aparato y la libertad serán tuyos.”

“¿Y cómo se supone que haré eso?” Preguntó Brutaka.

“Es por eso que yo estoy aquí, hablándote.” Respondió Kapokhed, quien apuntó hacia Brutaka y disparó una enigmática ráfaga de energía.

Capítulo 9

Los Barraki vieron ansiosos a Kapokhed aproximándose y Pridak dio un par de pasos al frente para recibirlo, preparando sus cuchillos y afilando sus desordenados dientes.

“¿Tienes lo que te pedimos?” Preguntó Pridak.

Kapokhed no respondió con palabras sino con hechos, y mostró la Gema del Destino entre sus manos. Mantax rió mientras que Pridak recibía el tesoro.

“Has hecho un buen trabajo.” Dijo Mantax. “Te has ganado tu premio.”

Los Barraki avanzaron rápidamente con sus armas en mano y atacaron. Kapokhed detuvo unos cuantos golpes, pero fue inevitable su derrota. Su cabeza se hundió en el suelo, y Pridak lo presionó con su pie para mantenerlo quieto.

“¿Qué se siente ser un tonto, cazador?” Se burló Pridak, seguido por las dementes risas de los demás Barraki.

“No estoy seguro…” Respondió Kapokhed, escupiendo la arena de su boca. “Tal vez deberías preguntártelo a ti mismo.”

Con esas palabras, un rugido grave cubrió los alrededores. Zarnak surgió de la nada con sus espadas y dientes a disposición para la batalla, acompañado por Brutaka y su espada.

Pridak se distrajo y Kapokhed se levantó. Los Barraki se agruparon de nuevo.

Kalmah extendió su tentáculo hacia Brutaka, pero entonces un portal luminoso se interpuso entre ambos. El tentáculo apareció inexplicablemente detrás de Mantax, y comenzó a asfixiarlo. Con Mantax ocupado, Kapokhed aprovechó para atacar y lo paralizó usando la corriente eléctrica de sus espadas. Mantax cayó al suelo, y Brutaka cerró el portal de golpe, seccionando el tentáculo de Kalmah.

Zarnak vio la oportunidad perfecta y dio un golpe en Kalmah, quien se había distraído brevemente ante la pérdida de su tentáculo. Pridak y Ehlek se quedaron solos, e intentaron resistir la fuerza combinada de los tres guerreros. Ehlek decidió usar su más poderosa habilidad y cubrió sus espinas con una potente fuerza eléctrica. Kapokhed y Brutaka quedaron paralizados ante el ataque, pero Zarnak, quien tenía una resistencia natural a la electricidad, dio un último golpe e incapacitó al Barraki.

Pridak, siendo el guerrero experimentado que siempre había sido, se dio cuenta de que esta batalla estaba perdida y comenzó a nadar fuera de la zona, dejando a los otros atrás. Kapokhed y Brutaka dispararon electricidad y energía pura, respectivamente, con la intención de detenerlo, pero Pridak maniobró inteligentemente en el agua y pronto estuvo fuera de vista.

Con la batalla terminada, Zarnak bajó la mirada y se sintió atraído ante el brillo de la Gema del Destino, que se había quedado en el suelo. Él la levantó y se la entregó a Kapokhed, mientras que Brutaka agrupaba a los Barraki que habían quedado inconscientes en el suelo.

Con un portal dimensional, los guerreros desaparecieron del lugar.

Capítulo 10

Los tres Barraki gruñeron de frustración detrás de los barrotes de su nueva celda mientras que Hydraxon cerraba la puerta. Kapokhed, Brutaka y Zarnak estaba parados en frente viendo todo.

Hydraxon entonces comenzó a interrogar severamente a los Barraki acerca de lo que sabían del fugitivo Toa Guhjii, y después de un gran alboroto el carcelero volteó.

“Guhjii está en la zona circundante a los Pilares de Sal.” Dijo Hydraxon. “Los Barraki lo estuvieron protegiendo todo el tiempo. Es uno de sus aliados más poderosos.”

Kapokhed recibió la noticia con una mueca feliz. Finalmente sabía en donde estaba su presa, y saldría inmediatamente a capturarla.

Entonces Lesovikk y Sarda aparecieron detrás de Zarnak y lo sostuvieron fuertemente. Después de un largo forcejeo lo volvieron a colocar en su celda, y un incómodo silencio se prolongó por varios minutos. Hydraxon afiló sus armas y se acercó a Brutaka.

“¿Por qué, Brutaka?” Preguntó. “¿Por qué nos traicionaste?”

Brutaka bajó la mirada. “He cometido errores, Hydraxon… Pero ahora estoy dispuesto a volver.”

“Debes saber que Helryx ya no confía en ti.” Dijo Hydraxon. “Ella no te verá con los mismos ojos cuando regreses a Daxia… ninguno de nuestros colegas lo hará.”

“Lo asumiré.” Dijo Brutaka.

Hydraxon suspiró. “Muy bien, eres bienvenido de nuevo.”

Kapokhed expuso el aparato de respiración que había mostrado antes, y Brutaka se lo puso alrededor de su cabeza. Una profunda respiración se escuchó al principio, pero luego se estabilizó. A continuación una enorme criatura en armadura dorada apareció detrás de Brutaka, lo tomó del brazo, y desapareció inmediatamente. Hydraxon se quedó en silencio, reflexionando, antes de voltear hacia Kapokhed.

“Bueno, creo que ya deberías irte.” Dijo.

Kapokhed nadó lentamente fuera del pasillo, preparándose mentalmente para la etapa final (y la más peligrosa) de su misión.

Capítulo 11

Los pálidos ojos verdes de Toa Guhjii analizaron el entorno. Una escuela de peces Ruki se estaba acercando rápidamente, pero cuando parecía estar a punto de rozar con su maltratada armadura púrpura decidieron desviarse, como si se sintieran repugnados por él.

Guhjii entonces se sentó en medio de las algas, cerró los ojos y contempló con sus oídos el silencio atrapante del Abismo, esperando a que la respuesta a todos sus problemas llegara a abrazarlo y a levantarlo de su miseria. Obviamente, la milagrosa respuesta nunca llegó… y nunca llegaría.

El Toa volvió a abrir sus ojos. Lo primero que vio fue el tentáculo en su brazo izquierdo, retorciéndose al ritmo de la corriente acuática. Atrapado en sus pensamientos, Guhjii recordó lo que él había sido hace muchos años, y lo que era ahora.

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Todo pasó durante la Guerra de Takiw-Nui, y él había vagado a través de las amplias avenidas durante varias horas ese día. Antes de que hubiese podido defenderse, el enemigo lo detuvo con un suave pulso oscuro.

“¿Tu amo no te enseñó cómo esquivar ataques?” Se burló el enemigo, un Makuta en armadura blanca.

“No es mi amo.” Guhjii contestó. “Solamente es alguien que protejo.”

“Podría matarte.” Dijo el Makuta. “Pero sólo quiero asesinar a tu ‘protegido’ e irme. Si te asusta la oscuridad… probablemente es donde debes estar.”

Desobedeciendo los principios más elementales de un Toa Takiw, Guhjii hizo un trato con el Makuta, Nutrex, y condujo a su amo, Vavakx, a una trampa. El recordaba perfectamente cada detalle del preciso instante en el que Nutrex apareció y enterró sus garras en el pecho armado de Vavakx. Él también recordaba las despreciantes palabras de Deriahk, quien había sido amigo suyo en ese entonces:

“Sal de mi vista y de esta ciudad, traidor.”

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Toa Guhjii dejó de recordar para prestarle atención a su entorno. Su tentáculo comenzó a percibir cambios en la corriente acuática. Cuando parecía no haber ninguna amenaza en los alrededores, una ráfaga eléctrica surgió de la oscuridad y lo paralizó inmediatamente.

Mientras que la estática seguía corriendo a través de su cuerpo, un grotesco individuo en armadura negra comenzó a nadar hacia él. La electricidad pronto se disipó, y Guhjii cayó lentamente al mugriento suelo. Su atacante estaba parado, observándolo del mismo modo que alguien ve a un insecto.

“¿Tú eres Toa Guhjii?” Preguntó el atacante.

Guhjii hizo una mueca de furia mientras que se levantaba, listo para enfrentarse al enemigo.

“Sí… lo soy.” Respondió. “¿Y quién eres tú como para osar atacar a alguien como yo?”

El atacante observó a Guhjii con desprecio, asqueado por el ego que habían reflejado sus palabras.

“Mi nombre es Kapokhed.” Dijo. “… Y soy tu asesino.”

Guhjii se mostró sorprendido ante ese anuncio, pero, siendo el ‘gran’ Toa que siempre había sido, él no demostraría temor.

“A mi nadie puede asesinarme.” Dijo, emitiendo una amenazadora aura de energía cósmica alrededor de su cuerpo.

Kapokhed disparó la electricidad de sus espadas, pero Guhjii activó el poder de su Máscara de la Velocidad y desapareció en un instante. Una ráfaga de energía cayó en la espalda de Kapokhed y lo lanzó varios metros hacia arriba hasta caer finalmente al suelo. Entonces Guhjii volvió a aparecer frente a él.

“A ver…” Se burló el Toa. “¿Y cómo pretendías asesinarme?”

Kapokhed no toleraría que Guhjii lo retara de esa forma. Inmediatamente se levantó del suelo y manipuló la energía de sus espadas para crear un campo eléctrico protector a su alrededor, luego saltó hacia el Toa, quien desapareció de nuevo usando el poder de su máscara. Anticipando lo que iba a ocurrir, Kapokhed dio giros sincronizados, y cuando las ráfagas cósmicas de Guhjii volvieron a surgir, el campo eléctrico que lo estaba protegido reaccionó y devolvió los ataques, golpeando al Toa.

Guhjii cayó al suelo, nuevamente paralizado. Kapokhed se preparó para el golpe final, pero el Toa desapareció en un bucle dimensional. Las corrientes acuáticas comenzaron a cambiar, y Kapokhed aprovechó esos leves movimientos para deducir la ubicación de su presa.

Guhjii surgió encima del cazador, con su tentáculo listo para estrujarlo hasta la muerte. El tiempo parecía volverse más lento mientras que este se acercaba al cuello de Kapokhed. El tentáculo se extendió, y se enrolló en donde había planeado Guhjii.

Entonces el Toa sintió un intenso dolor en su tentáculo. Kapokhed sonrió maliciosamente.

“Caíste en mi trampa.” Dijo.

Fue ese el momento en el que Guhjii se dio cuenta de que todo terminaría. Su cuerpo se volvía cada vez más tieso, y el dolor se extendía rápidamente. Mientras que su transformación seguía progresando, sus pensamientos se llenaban de odio y rencor hacia todos los seres vivientes que había conocido en su vida. Sólo un último consuelo lo tranquilizó durante la etapa final de su conversión a una pálida y vacía estatua de piedra:

“Este mundo no era lo suficientemente bueno para mí.”

Kapokhed escuchó el eco burbujeante de la estatua cuando cayó al suelo arenoso del Abismo. Él bajó sus armas y contempló la última expresión de Guhjii, grabada para siempre en los detalles prolijos de la escultura. Esta era una sonrisa mordaz y arrogante, que sin duda resumía todo lo que Toa Guhjii había sido durante toda su vida: un tonto petulante.

“El universo no necesita ver esto.” Se dijo Kapokhed, mientras que levantaba su brazo izquierdo y daba un golpe seco hacia el rostro de la estatua, quebrándola en cientos de pedazos.

La misión había sido completada.

Epílogo

El Cazador Oscuro Amphibax recibió a Kapokhed en el límite entre el oscuro mar y la tierra firme, con un aparato de respiración en manos. Antes de salir del agua, Kapokhed colocó el artefacto alrededor de su rostro para evitar repetir desagradables sensaciones.

“Vamos a casa, colega.” Dijo Amphibax. “Tenemos más trabajos qué hacer.”

Kapokhed sólo sonrió mientras que seguía a su compañero, pero entonces algo en él comenzó a vibrar. Buscando entre los rincones de su armadura, él encontró la dorada Gema del Destino, rodeada de deslumbrante energía.

“Olvidé devolverla.” Pensó.

Sin embargo, antes de poder pensar en las consecuencias, la Gema le dio a Kapokhed un breve adelanto de su destino. Él pudo ver unas verdes praderas, arrasadas por un ejército de extrañas criaturas y, entre todo ese desastre, a él mismo con una cautivadora máscara anaranjada. En la visión, esa máscara se colocaba sobre su rostro, bañándolo de energía e iluminando el paisaje mientras que las criaturas se alejaban. Una palabra pudo escucharse mientras que el sueño terminaba:

“Gebuk.”

Kapokhed no sabía lo que significaba todo eso, pero por ahora no era necesario saberlo. El deber de un Cazador Oscuro no permite descansos, y la isla de Odina aún estaba lejos.

“Cuando sea el momento, estaré preparado.” Pensó.


Última edición por Diebeq5b el Mar Mayo 22, 2012 3:06 pm, editado 7 veces
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Re: Misión en el Abismo [Precuela Cancelada de La Invasión]

Mensaje por Degrek Phantoka el Sáb Abr 28, 2012 2:27 am

Buenísimo,Diebeq.Me has impresionado.

No tengo mucho que comentar,salvo que no sé quién es Zarnak,y ¿Toa Guhjii no era morado,en vez de azul y naranja?

Bien hecho.Sigue publicando,me encantan tus historias.
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Re: Misión en el Abismo [Precuela Cancelada de La Invasión]

Mensaje por Diebeq el Sáb Abr 28, 2012 12:22 pm

Degrek Phantoka escribió:Buenísimo,Diebeq.Me has impresionado.

No tengo mucho que comentar,salvo que no sé quién es Zarnak,y ¿Toa Guhjii no era morado,en vez de azul y naranja?

Bien hecho.Sigue publicando,me encantan tus historias.

Gracias por tu comentario Smile

Zarnak es un prisionero del Abismo, ganador de un concurso de LEGO que apareció en Brickmaster (creo). Los ganadores de ese concurso nunca fueron incluidos por Greg en la historia oficial, pero yo aproveché que no tenían historia para usar a uno de ellos.

Aquí un enlace a la página que muestra a estos MOCs en la revista.

Los Toa del espacio en mi historia usan armadura púrpura/azul, pero cuando creé a Guhjii hace varios años lo hice con armadura azul/naranja porque no tengo suficientes piezas púrpuras. Considero la versión descrita en esta historia como una apariencia oficial de Guhjii.
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Re: Misión en el Abismo [Precuela Cancelada de La Invasión]

Mensaje por Degrek Phantoka el Sáb Abr 28, 2012 5:03 pm

Diebeq5b escribió:
Degrek Phantoka escribió:Buenísimo,Diebeq.Me has impresionado.

No tengo mucho que comentar,salvo que no sé quién es Zarnak,y ¿Toa Guhjii no era morado,en vez de azul y naranja?

Bien hecho.Sigue publicando,me encantan tus historias.

Gracias por tu comentario Smile

Zarnak es un prisionero del Abismo, ganador de un concurso de LEGO que apareció en Brickmaster (creo). Los ganadores de ese concurso nunca fueron incluidos por Greg en la historia oficial, pero yo aproveché que no tenían historia para usar a uno de ellos.

Aquí un enlace a la página que muestra a estos MOCs en la revista.

Los Toa del espacio en mi historia usan armadura púrpura/azul, pero cuando creé a Guhjii hace varios años lo hice con armadura azul/naranja porque no tengo suficientes piezas púrpuras. Considero la versión descrita en esta historia como una apariencia oficial de Guhjii.

De nada

Vaya buena idea¿te sabes algún Moc no registrado que pudiera usar?
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Re: Misión en el Abismo [Precuela Cancelada de La Invasión]

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